Sartre había considerado al intelectual como "un técnico del saber práctico" que desgarraba la contradicción entre la universalidad del saber y el particularismo de la clase dominante cuyo producto era; de esta manera encarnaba la conciencia infeliz tal como Hegel la definió, y satisfaciendo su conciencia con esta misma mala conciencia, suponía que ésta le permitiría alinearse junto al proletariado. Ahora, Sartre pensaba que era menester superar esta fase: al "intelectual clásico" él oponía el "nuevo intelectual" que niega en sí mismo lo intelectual, para intentar encontrar un nuevo estatuto "popular"; el nuevo intelectual busca fundirse con las masas para hacer triunfar la verdadera universalidad.
BEAUVOIR, Simone de. La ceremonia del adiós.México: Hermes,1986.pág.11.